Entre la oscuridad y estando a solas escuche detrás de mí una voz masculina bien clara que me preguntaba: ¿Usted también va al Cristo de Jose?, volteé y no vi a nadie, supuse que era algún peregrino acercándose bien rápido, como es de suponer que si estoy solo caminando por esta oscuridad es porque estoy en pleno peregrinaje, no le respondí la inocente pregunta, enseguida me volvió a preguntar, volteé y lo medio vi, un joven con menos de 40 años más alto que el que escribe estas líneas parecía salido de un gimnasio, solo le respondí “Si” manteniendo la velocidad de mi marcha para obligarlo a que se siguiera esforzando para alcanzarme.
Mi sobrina Dayana, pertenece a un club de ciclistas los cuales también participaron en el peregrinaje
Luego me volvió a preguntar que si venía con la caravana de gente, simplemente le respondí que salí caminando desde el parque de los muertos (Cementerio Parque Metropolitano) a las 8:30 pm, él se acercó mucho más confiado y compartimos una buena conversación, me dijo que venía con otros amigos pero se quedaron atrás, me pregunto que si tenía agua, le dije que solo me quedaba dos dedos de agua y no me la quería tomar porque no sé cuantas horas faltaban por caminar.
Conversando con unos peregrinos
Seguíamos caminando a paso veloz, me dijo que sus piernas ya no aguantaban más, le daba ánimos para seguir a la misma velocidad, en eso divisamos un grupito de jóvenes, por la velocidad que llevábamos los alcanzamos rápido, me fijé que eran los cuatros chamos que una vez alcancé los cuales estaban escuchando música mundana y en un momento me pasaron, esta vez entable conversación con ellos, dos muchachas y un varón son de Cantaura y otro varón de Puerto Píritu, éste último manifestó que estaba en su quinto peregrinaje.
Entre tantos comentarios, recuerdo que les dije que vi a tres muchachas agarradas con los brazos cruzados por los codos caminando como borrachas, que sería por el cansancio, me respondieron riendo que sí, que se emborracharon con una botella de anís y delante de ellos iba otro muchacho también borracho, nos reímos, pero luego pensé que cada quien con su vida, que ellos andaban en lo suyo y su esfuerzo por llegar al final es mucho mayor que el nuestro, solo Dios sabe lo que hace cada quien. Los muchachos le sacaron conversación al que me alcanzó y respondió que es de origen árabe y se llama Samir, que sus amigos que se quedaron atrás también son árabes y asisten a la misa de la iglesia San Jorge; en mi parecer, los feligreses de ésta iglesia asistieron bastante porque vi muchos árabes caminando, montados detrás de las camionetas y al lado de los carros estacionados. Samir le pregunto a los jóvenes que si tenían agua, éstos le respondieron que no tenían, Samir les dijo que en Los Potocos estaban dando agua pero él tomo un poco pero seguía con sed, en unos momentos el árabe peregrino aminoró la marcha, se quedó atrás sin darme cuenta y no supe más de él.
El joven de Puerto Píritu me dijo que faltaban casi 10 kilómetros de trayecto, diría que entre ocho a nueve kilómetros, que teníamos que pasar por dos subidas prolongadas siendo el camino más agotador y teníamos que ver a la derecha de la carretera la chimenea ardiente de Petro Cedeño y luego la de Petro San Félix, que al pasar la ultima chimenea ya faltaría poco.
Teniendo una idea más clara de lo que me faltaba por recorrer me quedé pensativo, ya estábamos en la subída no muy alta pero sí bastante larga, note que mi cuerpo pedía descanso, decidí bajar la velocidad, los muchachos voltearon inmediatamente y al ver mi rostro siguieron su marcha, detrás de mi rodilla derecha sentía un dolor agudo, al final de los dos fémur pegando de las caderas me dolía, sentía una presión en esa zona, mi columna en la zona lumbar me dolía mucho más, pero sentía que la correa del coala me presionaba las vértebras manteniéndolas casi rectas, todos los músculos de mis piernas estaban tensos, pero por nada del mundo me quería detener, lo único que me detendría sería un calambre.
Experiencias más allá de lo natural
Al notar que mi respiración estaba normal empecé a hacer uso de ella para atraer prana, para atraer vida a las células de mi cuerpo, así empecé a inhalar y exhalar con los ojos cerrados en medio de la selva de asfalto, agarraba la cruz de metal traída de Roma y me la colocaba en mi corazón sintiendo sus palpitaciones, luego recuerdo que levante mis manos en forma angular haciendo mudras, canalizando energías, saqué energías y fuerzas de mi templo corazón y de por allá arriba del cosmos bien de lo alto, de las estrellas, invoqué al Cristo Rey en Sustancia, el momento de sanar y curar había llegado, sentí la saturación de las células de mi cuerpo, realmente lo que me pasó no se puede explicar con palabras, si se explica no se entiende o se corre el riego de ser mal interpretado, esto fue de otro nivel, de otro mundo.
Al cabo de unos cuantos minutos mis emociones se calmaron, los músculos de mis piernas seguían tensos pero quería seguir caminando, al ver la hora ya casi iban a ser la una de la madrugada, es la hora en la que casi siempre hago mis prácticas espirituales, pensé en tomarme un ibuprofeno, el último me lo tomé a las 4:00 pm del día anterior, primero me comí una arepa peregrina de las largas, luego un pequeño solvo de agua y finalmente el ibuprofeno, ya eran la una de la madrugada.
Si esos ninjas blancos, los nahual, o los hombres águilas realmente existen, o los peregrinos borrachos son o no son locos, simplemente me dedique a concentrarme esta vez en la cúpula del Cristo de Jose, quería trasladar mi espíritu a ese lugar, no quería sentir mi cuerpo, como aun estaba por esas carreteras solo, aproveche para clamar a viva voz ayuda interna, no sentía temor a desfallecer en medio de la oscuridad ni flojera como para acostarme en medio de la carretera, lo que sentí fue verme caminando rápido avanzando y pasando a todos.
Los úlimos 5 kilómetros
Abrí los ojos bien abiertos, me subí la montura de los lentes hasta la frente y empecé a subir la velocidad de mi marcha, a la distancia vi una pareja tratando de mantener el paso, activé la música "Oh el viburno rojo en la pradera" de Stepan Charnetsky, los alcancé y rápidamente los pasé, luego seguí pasando a otros grupos con la música “Se busca” de José Luis Rodríguez, “Jesús Cristo yo Estoy Aquí” de Roberto Carlos y algunos cantos gregorianos en español, a pesar de estar por un camino empinado sentía como si me estuvieran empujando.
En un momento alcancé a los cuatros jóvenes, en ese momento sonaba: “En presencia del Señor se estremece, se estremece la tierra,... Gloria al Padre…” de los monjes gregorianos, mucho adelante como a 300 metros vi un carro que iba manteniendo nuestra misma velocidad con luces rojas, azules y verdes alumbrando hacia atrás, era la única luz que alumbraba el camino, sentí bastante ánimo, los muchachos me dijeron que faltarían como 3 kilómetros, me llené de emoción y los pasé, alcancé a un señor con el cuerpo lleno de músculos, le comente algo sobre la caminata y me respondió que no aguantaba más, en ese momento se detuvo, proseguí mi marcha, levante mis brazos, le di infinitas gracias a los habitantes del cielo y bendije a la tierra que estaba pisando.
Me encontré con un joven el cual me dijo que faltaban como 500 metros, le dije que llevaba casi una hora pasando a todas las personas, me dijo que delante ya no había más nadie caminando, le respondí que entonces terminaríamos juntos la caminata, a los minutos estábamos tomando agua de unos tanques dispuestos para los peregrinos.
La capilla tiene forma de sombrero color metálico, el color actual es por un sistema de luces
En la capilla había misa, alrededor de la capilla estaban muchas personas sentadas descansando, el reloj de mi celular marcaba la 1:50 am, realicé los 33 kilómetros en 5 horas con 30 minutos, me senté en una silla blanca de unos vendedores de arepas debajo de un toldo, pensé que Douglas llegaría hace rato montado en una camioneta o estaría por llegar a pie centro de una hora; me dediqué a estirar mi cuerpo, a aflojar tensiones, y a mirar por la entrada la llegada de mi amigo y la de los ciclistas.
Como a las 2:30 am vi como iban llegando los ciclistas de los diversos clubes de la zona norte, a las 3:00 am iba entrando Douglas directamente hacia el tanque de agua, venía con la botella de los dos litros de agua vacía, nos sentamos juntos a compartir reflexiones sobre esta tremenda travesía.
Hace muchos años esta imagen se encontraba en una hacienda, existía una peste que acababa con los animales, el dueño le prometió al Cristo que si lo libraba de la peste le construiría una capilla, el Cristo cumplió y el dueño de la finca también cumplió
Douglas me comenta en forma enfática que le gusto la peregrinación, que fue única, pero que es la primera y última, bajo las mismas condiciones es la última por su edad, que le exigió mucho a su cuerpo, que con un carro propio de apoyo si se atrevería a hacer otro peregrinaje, le comente a manera de chiste pero serio que tenía ganas de regresarme a Puerto La Cruz a pie, una señora cercana se puso a reír.
Entre los dos concluimos que mucha gente no logró terminar el peregrinaje, de entre el mar de gente que vimos en las afueras de Barcelona, mucha gente siguiendo una imagen adorada como el dios verdadero y montada en un camión se quedaron atrás, son contadas las personas de más de 65 años las cuales realizaron todo el recorrido a pie, nos preguntamos cuál fue el real objetivo de los jóvenes voluntarios, en ninguna parte los vimos prestando asistencia o motivación a los peregrinos, muchas de las personas que estaban desde temprano escuchando la misa lógicamente realizaron el recorrido en carro, algunas veces veía delante de mí pararse un carro para que se bajaran personas adultas las cuales caminaban pero terminaban quedándose atrás para luego montarse nuevamente en el carro.
Estoy contento por los logros alcanzados, entiendo que el cielo me mandó un mensaje: “No estoy solo”, “El aprendizaje no está en la meta, está en el mismo camino”, “De los libros se aprende, pero de la vida misma nada se olvida”, “Cuando nos mandan pruebas son para pasarlas y para fortalecernos”.
Tres errores a corregir: Distribuir mejor las cargas, cada quien con agua y comida; pude compartir la mitad de los dos dedos de agua con Samir; al señor que se detuvo faltando poco para finalizar el recorrido lo pude animar para que siguiera adelante.
Faltando poco para las 6:00 am nos fuimos hacia la carretera, a las 6:00 am llegó el autobús y seis minutos después nos fuimos a Puerto La Cruz, llegamos a la ciudad a las 7:00 am y a mi casa a las 7:30 am, directo a comer y luego a dormir.
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Resultó en una experiencia dificil de olvidar